La virtud de la paciencia

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Cultivar la paciencia, ser paciente, educar a tus hijos para que aprendan pacientemente… Pero ¿te gustaría ahondar en esta cualidad? ¿Qué sabes sobre la la paciencia?

La paciencia es una virtud

Dicen que la paciencia es una virtud y, curiosamente, hay multitud de alusiones a ella en la biblia.  Y es que procede del verbo latín “pati” o sufrir. Con lo que “patientia” en la antigüedad, sería similar a sufrimiento en la actualidad.

Por eso “patiens” se aplicaba a los pacientes de los hospitales o “los que sufren”.

Para los cristianos, esa paciencia suponía un esfuerzo consciente para reponerse ante cualquier adversidad. Seguir en pie y aguantar por la promesa de una recompensa futura.

Aunque esa recompensa hacía referencia al reino de los cielos o ese final idílico que alcanzarían tras la muerte.

Si nos permites la comparación, hay una referencia en el cine que hace alusión a un concepto similar. Nos referimos al diálogo que Sylvester Stallone, como Rocky, mantiene con su hijo en la película Rocky Balboa.

El actor, desde su papel de padre, le explica que hay que seguir avanzando a pesar de los golpes que te da la vida. Y así es como se consiguen las metas que uno se propone para sí mismo.

Esa paciencia, vista con la perspectiva de “soportar el sufrimiento” estoicamente, ha derivado en nuevos matices.

La paciencia o el arte de dominarse a sí mismo

Podemos decir que, en la actualidad, la paciencia no sería la virtud más extendida ni la más valorada. Aunque sí que hace referencia a una gestión personal, pero más relacionada las emociones.

Y es que, en este paradigma de la inmediatez, ser tenaz, constante o seguir adelante para alcanzar una meta ¡se practica bastante poco! Nuestro frenético estilo de vida tampoco ayuda a ver la paciencia como un valor importante.

Por eso también, nuestro concepto general de paciencia, parece haber pasado de aquel supuesto estilo de vida a pequeñas acciones puntuales. Por ejemplo, aplicado a pequeños aprendizajes.

Imagina que quieres enseñar a un niño a atarse los cordones. Tú lo haces primero para que él se fije y le explicas cada paso. Cuando el niño lo intenta no le sale y siente frustración. Quizás llore por la impotencia.

Entonces tú le pides que practique de nuevo porque “si eres paciente verás que pronto te saldrá bien”. Con lo que la paciencia pasa a ser un control activo de los sentimientos para poder avanzar o aprender.

Pero antes hay que vencer ese sufrimiento o esa frustración que nos empuja a rendirnos o a buscar otro tipo de zapatillas, siguiendo el ejemplo anterior. Por lo tanto, también supone una lucha activa, pero contra uno mismo.

Lucha de creencias: el valor del tiempo y la paciencia

Es difícil entender los beneficios que nos reporta el tener paciencia cuando sabemos que el tiempo es tan importante. Es algo que no vuelve, que no podemos comprar y que pasa para todos irremediablemente.

Por eso a veces parece que esto entre en conflicto con la idea de tener paciencia y esperar. Plazos de entrega, caducidad, reloj biológico,… Nos desarrollamos en un contexto que nos empuja a vivir con prisas.

Sin embargo, hay muchas cosas que necesitan su tiempo. Como el desarrollo de la psicomotricidad fina en los niños hasta un dominio tal que les permita atarse solos los cordones de las zapatillas.

La paciencia tiene un límite

Debemos ser capaces de entender que una semilla necesita años de sol y cuidados para convertirse en un árbol. Igual que nosotros pasamos una parte de nuestra vida formándonos para conseguir un puesto que nos guste o nos permita emanciparnos.

Si comprendemos esta necesidad de tener paciencia y de permitir que cada cosa se desarrolle a su tiempo, podemos cambiar nuestra perspectiva. Porque es muy fácil perderse a uno mismo entre unas y otras prisas.

La paciencia tiene un límite. Y ese límite a la paciencia lo ponemos nosotros. Debemos conquistarla para que forme parte de nuestra energía interna, sin forzar las cosas.

Si cultivas la paciencia y conquistas la templanza serás una persona plena a nivel emocional y totalmente equilibrada a nivel espiritual. Estas dos cualidades son la base de la paz interior.

La paciencia en el camino hacia la felicidad personal

A veces, estamos tan inmersos en el trabajo, que olvidamos pequeños placeres o aficiones que nos llenan y satisfacen. Pero, más allá de eso, también existe una necesidad de autorrealización personal asociada a una felicidad que todos deberíamos poder alcanzar.

¿Has oído hablar de la pirámide de Maslow? Él escalonó las necesidades humanas en una pirámide. Y dentro de las más básicas incluía las relacionadas con la supervivencia, como comer.

No obstante, en la parte más alta incluía la autorrealización. Algo que asociaba a un crecimiento personal, lo que implicaba un trabajo consciente y activo. Un cambio en uno mismo que fruto de la paciencia, la tenacidad y la consecución de diversas metas.

Y aquí quizás deberíamos diferenciar entre el placer y la satisfacción. Entendiendo el placer como un premio inmediato; quiero algo y lo compro sin más o deseo estar más fuerte y busco medios rápidos para conseguirlo.

Pero la satisfacción sería más parecida a la recompensa por un esfuerzo que hemos mantenido en el tiempo. Como ahorrar pacientemente para poder conseguir ese capricho o entrenar durante mucho tiempo para obtener resultados saludables.

La paciencia es la madre de la ciencia

La paciencia es una virtud que cualquier persona debería conquistar para conseguir una vida plena a nivel psicológico y espiritual. De ahí el dicho: la paciencia es la madre de la ciencia.

Cambiar algún matiz personal que no nos gusta, formarnos en algo que nos interesa o solo pretender progresar. Son ideas ambiguas que en cada uno de nosotros toman formas concretas ¡y requieren de un plan  y de paciencia!

¿Y cómo cultivamos esa paciencia para poder avanzar? A ver si podemos ayudarte con esto. Ante todo, no te rindas a las prisas ni al fracaso y pon en práctica estos sencillos consejos:

  • Dedica tiempo a analizar tus respuestas ¿qué es lo que te hace perder la paciencia? ¿En qué situaciones te pasa? Si detectas esos detonantes podrás evitarlos o trabajar en ellos. Busca la templanza cuando notes esa avalancha interior que amenaza hacerte perder la calma.
  • Pon el freno y reduce un poco el ritmo y la intensidad con los que afrontas cada día. Trata de disfrutar de cada momento o busca la forma de gestionar mejor tu tiempo.
  • La felicidad no es algo inmediato ni un placer momentáneo. Implica un proceso, un esfuerzo por tu parte y una evolución. Por eso no puedes rendirte a la frustración ¡hay que seguir intentándolo!
  • Entiende que hay cosas que escapan a tu control y que debes dejar fluir. No puedes quejarte ni enfadarte por todo aquello que no dependa directamente de ti. Pero, si depende de ti, tampoco esas quejas te ayudan en nada. Si no te gusta cámbialo.
  • ¿Eres demasiado exigente? Busca la coherencia en tus objetivos. Por ejemplo, Usain Bolt debe entrenar durante 4 años para correr solo 9 segundos ¿por qué dejas el gimnasio a los dos meses? ¿Por qué dejas la dieta a las dos semanas? ¿Por qué abandonas las oposiciones a los dos días?
  • No te precipites. Piensa antes de hablar, respira hondo, analiza un poco más las cosas ¡no tengas prisa! Y asume tus responsabilidades o las de tus actos y aprende.

Cuando nos dejamos llevar por nuestras emociones perdemos el control. No somos nosotros los líderes de nuestra vida; no tomamos las decisiones, no llevamos las riendas.

La Flor de la paciencia

Impatiens es una Flor de Bach descubierta por Edward Bach, Licenciado en Medicina y Cirugía, Bacteriólogo y Homeópata. Esta Flor de Bach es recomendable para personas nerviosas e impacientes que siempre tienen prisa, aunque la situación no lo requiera. La toma de esta flor aporta calma y serenidad interior.

Busca esa paciencia que todos necesitamos para ser mejores y vivir mejor, para evolucionar y llevar a la cima de la pirámide. ¿Qué quieres tú para ti mismo? ¿Dónde te gustaría llegar? Date tiempo y a por ello.

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