La templanza en psicología

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La templanza en psicología es una gran virtud. Supone una automoderación, algo sin duda muy necesario para todos. Sin embargo, no está carente de los matices de la contextualización, siendo diferente para cada colectivo.

Así, la templanza, del latín “temperantia”, sugiere un disfrute controlado de los placeres o bienes sensibles. Pero como decíamos, se trata de una característica no desprovista del peso moral que cada cultura le otorga.

La templanza en nuestros días

La templanza en psicología ha encontrado su lugar junto a los movimientos de su rama más positiva. Y es que, en nuestros días, la incertidumbre o el estrés son algunos de los males más extendidos.

Éstos problemas de desequilibrio emocional, que todos padecemos en algún momento, pueden ofrecernos un resultado de ansiedad. Algo que enterramos en cantidades ingentes de comida, alcohol, sexo, drogas y otras alternativas.

Todas estas opciones se convierten en vías de escape para nuestra mente o nuestro cuerpo, pero ¿cuándo se trata de un recurso puntual y cuándo desemboca en un problema aún mayor?

Si vemos en ese alivio un nuevo placer sobre el que dejarnos llevar, podríamos convertirlo en un refugio. Algo recurrente que nos inhibe de la realidad para librarnos de ella. Como un espejismo.

Podemos ir a un restaurante después de una larga semana de trabajo y disfrutar del hedonismo de una buena comilona con grandes dosis de alcohol. Esto puede ser un espejismo puntual, un chute de endorfinas justo en ese momento que nos haga evadirnos y desinhibirnos. Pero… ¿Cómo te sentirás luego?

La templanza consiste en pensar en el después. Si lo haces con moderación puede ser maravilloso, pero si te excedes en copas y licores puede resultar dañino para ti. Así que ya sabes: Templanza = Autocontrol.

Todo lo que sube baja: el ying y el yang

Acuérdate de la ley de la gravedad: todo lo que sube baja. Tu puedes pillarte un buen chute de endorfinas o un subidón de testosterona por el alcohol u otras sustancias, pero luego ese subidón se verá compensado por la ley del ying y el yang. De esta manera, pasaremos después a una resaca o momentos de tristeza o arrepentimiento, que será mayor o menor dependiendo del grado de subidón que hayamos experimentado anteriormente. La templanza nos ayuda a encontrar ese equilibrio opuesto a una montaña rusa. 

Otro ejemplo, queremos deshinibirnos del estrés empleando el sexo como medicina. ¿Qué consecuencias puede tener? Piensa en el después, en el mañana.

¿Vamos a tener un mal después o un mal mañana por disfrutar de un chute de testosterona del aquí y el ahora? Conquistar la templanza nos otorgará la virtud de saber parar, de saber poner límites.

Como diría la madre temperantia: se consecuente y actúa en concordancia. Si tienes mucha hambre antes de dormir y te comes un plato de pasta, seguramente no disfrutarás de un sueño reparador, además de engordar mucho. Sin embargo, si haces caso a la templanza podrás comer una loncha de jamón york o medio plátano, saciando ese hambre pensando en el futuro.

Es por eso que debemos ser conscientes de los recursos que empleamos para no perdernos en ellos. Y será esa templanza la que nos ayude a mantenernos en el lado más sano y equilibrado. Sin renunciar a nada.

Querer controlar lo incontrolable

Formamos parte de una sociedad incierta. Sin embargo, a veces tenemos una falsa sensación de control que nos reconforta. Y nada más lejos de la realidad.

Son casi infinitos los elementos y circunstancias que se escapan a nuestros deseos. Siendo nosotros mismos los únicos en los que de verdad podemos incidir.

Por ejemplo, tú puedes escoger una carrera académica en la que formarte. Pero un accidente fortuito podría hacerte no apto para su desarrollo. ¿Puedes controlar que algo así suceda? No, pero puedes escoger una alternativa y rehacerte.

Sin embargo, si te ocultas en los placeres inmediatos sin moderación, podrías perderte. Y seguro que es algo que no quieres que suceda bajo ningún concepto. Para eso está la templanza.

Tienes todavía mucho camino por recorrer y aún te esperan grandes oportunidades.

La templanza en psicología positiva

El gran Lebowski decía “tómatelo con calma” y ese es sin duda un consejo muy flexible y útil. Así, la psicología positiva ha adoptado la templanza y sus otras virtudes para ofrecerte una vida más plena.

Seguro que también tu médico de cabecera muchas veces te ha comentado que todo es bueno en su justa medida. De ahí que debas evitar los excesos para poder disfrutar de todo lo que te gusta.

¿No es un exceso en el consumo de azúcar lo que te podría llevar a una diabetes? Pero un poco cada día, con templanza, te permitirá disfrutarlo todas las veces que quieras.

También los sentimientos buscan esa moderación tan necesaria. Por ejemplo, un odio llevado al extremo necesitaría del perdón o la compasión para disiparse. Y esto también es otra forma de templanza.

Hoy en día, sucumbir a los placeres más hedonistas es fácil. Todo nuestro entorno nos lleva a ellos a desearlos. Pero es justo ese control sobre nosotros mismos, esa templanza, lo único que no podemos perder.

La templanza está en el camino de la felicidad

Si basas tu felicidad en los placeres inmediatos podrías convertirte en un adicto al aquí y ahora. Pero ¿qué hay del mañana? Busca en la templanza esa moderación que te capacite para disfrutar también de otras satisfacciones.

Son muchas las cosas que veneraríamos hacer. La templanza también es saber disfrutar de lo que se tiene. El hedonismo exacerbado es lo opuesto a la templanza.

Planificación, control, saber parar, saber decir que no, la simpleza… son actitudes base de la templanza. Acuérdate a disfrutar del aquí y el ahora con lo que se tiene.

La templanza en psicología es una gran herramienta para crecer personalmente. Es una cualidad humana que te hará más fuerte y te aportará paz. Añade la templanza a tu camino y cuídate mucho.

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