lobos en galicia

El Lobo Ibérico en España: No es país para Lobos

Dicen que en el principio de los tiempos el lobo sentaba cátedra en el monte (sí, el lobo ya estaba aquí antes de que nuestros ancestros más lejanos pisaran la península). Las personas llegaron a sus dominios y decidieron compartir terreno, recursos y destino. Y aquella relación se convirtió en una danza de delicado equilibrio, en el que tanto las fieras como los seres humanos luchaban por subsistir con lo que había.

El respeto inevitable

También dicen que cuando te enamoras de una persona, ves la grandeza propia reflejada en el otro y creo que eso fue exactamente lo que les sucedió a los primeros celtas que llegaron al Noroeste peninsular. Al contemplar a su rival, vieron astucia, colaboración, resistencia, tenacidad, ferocidad, sentimiento de grupo… todas las cualidades que el ser humano había desarrollado para sobrevivir. De esta manera el respeto fue inevitable, y la veneración no tardó en llegar.

perro lobo iberico

No es casualidad que expertos del mundo celta como Gonzalo Rodríguez García afirmen que las cofradías guerreras de los pueblos celtas (en realidad de todo el ámbito indoeuropeo) quisieron adoptar las cualidades del lobo mediante rituales mágicos iniciáticos (uso de máscaras de animales, pieles, sustancias alucinógenas o bebidas alcohólicas; así como el posible uso de las saunas castreñas como entrada simbólica al Otro Mundo). Tras “meterse en la piel del lobo”, alcanzaban un furor desencadenado capaz de amilanar a cualquier enemigo y así lo registran varios autores clásicos.

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Pero la relación cambió pronto

Al menos desde el bando humano. Y es que aunque el lobo ibérico seguía haciendo lo que podía para sobrevivir, el ser humano se dedicó a “evolucionar” hacia cotas más altas de tecnología, civismo, cultura y un largo etcétera.

Como en todas las relaciones, las cosas cambiaron porque un componente de la pareja cambió. Ya no hay admiración por parte del ser humano, ya no reconoce la grandeza de sí mismo en el lobo. Ha olvidado el valor de la astucia, la ferocidad, la tenacidad y el trabajo en grupo para sobrevivir.

Pasamos de competir por el mismo alimento en la prehistoria a luchar por el territorio para que nuestro ganado pudiera comer y pastar en paz. Nos aliamos con los perros para montar guardia, pues nos iba el sustento en ello. Y fuimos más allá.

El escenario ha cambiado por completo

Hoy en día, nos encontramos con un medio rural despoblado. Esa “España vaciada” es el resultado de una migración hacia las ciudades en favor del sistema industrial. No vengo a contarte nada nuevo, nada que no sepas ya. Pero quizás no estés al tanto de lo que ocurre en esa otra España: donde no hay personas, no hay votos, no hay promesas, ni proyectos, ni inversiones. Da igual lo que digan las partidas presupuestarias; la sensación (y la realidad) que impera entre los que todavía apuestan por vivir del campo es el desamparo y desigualdad.

Las principales poblaciones de lobos en España se distribuyen por Galicia, Cantabria, Asturias y Castilla y León. También hay poblaciones más reducidas en zonas de montaña​ de regiones limítrofes como País Vasco, La Rioja, Guadalajara (Castilla-La Mancha).

lobo iberico

Precisamente, es en ese escenario donde sigue habiendo dos actores principales. Por un lado, el lobo: una constante. Él no ha evolucionado, sigue haciendo lo mismo desde el principio de los tiempos.

Por otro lado, la figura del ganadero; una persona que intenta vivir del campo y disfrutar de las comodidades de la vida moderna (nada reprochable, oiga). Pero ese equilibrio no es fácil. Y menos con el lobo de por medio. Cuando los ataques se llevan por delante parte de tus ingresos y las compensaciones tardan años en llegar, el equilibrio es imposible. Muchos ganaderos se ven abocados a abandonar, entre otras cosas, porque las facturas se han de pagar con puntualidad.

El actor que faltaba, no tan secundario es la Administración. Como estamos hablando de la España vaciada, ya os hacéis una idea de la prioridad que da a esta problemática.

ataques lobos

El malo de la película

Las respuestas ante la ineficacia del sistema que se ha montado el ser humano son variadas. Muchos, por desgracia, han tenido que abandonar el campo ante la imposibilidad de seguir con la ganadería. No son capaces a afrontar las pérdidas, las ayudas no llegan a tiempo y tampoco son capaces de afrontar el gasto que supone actualizar las instalaciones agropecuarias para la prevención de los ataques.

Otros deciden tomarse la justicia por su mano y cazan o envenenan al lobo con la esperanza de eliminarlo del mapa. También los hay que deciden sacar provecho de las ayudas y falsifican ataques de lobo ibérico para cobrar las compensaciones, perjudicando así al resto de compañeros del sector agrario.

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Y en ocasiones estamos a la altura y sabemos ver una oportunidad donde hay una dificultad. Algunos han conseguido desarrollar actividades de ecoturismo, aprovechando el atractivo que tiene esta especie. Sin embargo no todo se puede basar en el ecoturismo. La ganadería sigue siendo una solución válida y necesaria.

¿Entonces, qué hacemos?

La solución no es fácil. Hay muchos intereses de por medio. Cazadores, Administración, ganaderías extensivas… Pero, desde mi humilde opinión, la opinión de una descendiente de ganaderos (de esos que vivieron del campo desde el principio de los tiempos): creo que la solución pasa por EXIGIR a la Administración pertinente que se ponga las pilas, no sólo con lo referente al perro lobo ibérico, sino con todo lo que rodea al problema de la España Vaciada.

lobo iberico caza

¿Qué os parece si retomamos un poco de astucia, ferocidad, tenacidad y TRABAJO EN GRUPO (las cualidades que nos enamoraron del lobo) para hacer que las cosas funcionen adecuadamente en el ámbito rural? ¿Qué tal si nos hacemos responsables de nuestros propios desarreglos como especie humana, en lugar de culpar al lobo? Recordemos que el único que ha cambiado las reglas del juego es el ser humano, no el lobo. Es la Administración, en gran medida, la que no está a la altura de las circunstancias.

Podemos aniquilar al lobo ibérico. Se nos da bien aniquilar. Sin embargo, esa acción diría más bien poco sobre nuestra supuesta “evolución”. Yo apostaría por aprender de esta especie, capaz de mantener el equilibrio del ecosistema desde el principio de los tiempos. No olvides que su destino, al fin y al cabo, no dista mucho del nuestro. No es país para lobos.

Redactora:

Marié Campos Álvarez
https://mariecamposalvarez.com/

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