Mujeres celtas, druidesas o driadas

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Las mujeres celtas formaban parte de una cultura cuyos resquicios han llegado hasta nuestros días. Un conjunto de comunidades que empiezan a surgir en la Edad del Hierro (a partir del siglo XII a. C.) y que hoy nos siguen fascinando.

mujeres celtas druidas

Y, de entre todas sus figuras, destaca en especial el papel de las mujeres celtas. Libres, valientes y con otras cualidades admirables que definen su interesante rol dentro del colectivo. Acompáñanos en este viaje para descubrirlo.

El papel divino de las mujeres celtas

Los pueblos celtas tenían diferentes deidades, pero muchas de ellas eran femeninas. Como la diosa Epona de la fertilidad, que también protegía los caballos y a sus jinetes.

Dea Dama, la diosa madre. Que, en este caso, se representa como una triada de mujeres con diferentes atributos. Aunque en su origen, los celtas no tenía representaciones físicas humanizadas de sus dioses.

Las divinidades equivalían a conceptos, estados o cambios. Fue bastante después y, tras su simbiosis con la cultura romana, cuando tomaron forma. Así, atributos similares empezaban a compartir una figura común.

No obstante, se sigue especulando con la posibilidad de que las mujeres celtas pudieran ser druidas. En este caso, llamadas druidesas o driadas y eran como sacerdotisas. Por algo a veces se habla del matriarcado Celta.

Además de tener otros papeles relacionados con los aspectos religiosos de sus tribus. Representando así, en la tierra, el papel de algunas de sus diosas. Sobre todo en ceremonias o rituales.

Las obligaciones de esas sacerdotisas eran muy amplias y complejas. No solo desde el punto de vista de la religión sino también como transmisoras del conocimiento.

Diferentes druidesas y sus cometidos

Parecían existir dos tipos de druidesas. Las Ban-druaid debían proteger el fuego sagrado y las Ban-fhilid eran poetisas. Estas últimas algunas veces adquirían su condición tras su unión matrimonial con un druida.

Pero en algunas zonas no era así. Por ejemplo, en la zona de la Galia, en donde existían tres roles diferentes dentro del papel de las druidesas. El principal o de mayor rango equivalía a mujeres vírgenes y entregadas.

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Su vida se centraba en su labor en los templos, su papel en los rituales y sus responsabilidades culturales. Les seguían las mujeres casadas que vivían en dichos templos.

Encargadas de tareas relacionadas con el orden, la limpieza y la obediencia. Pero solo podían visitar a sus maridos una vez al año. Y, llegamos al tercer grupo o nivel, el de las esposas que sí vivían con sus maridos.

Estas últimas compartían responsabilidades con las anteriores. Así debían atender ciertas tareas en los templos, a la vez que se encargaban de la educación de sus hijos.

Los templos tenían responsabilidades similares a las que ahora pudieran tener los ayuntamientos. Aunque en lo relativo a la religión. Regentados por mujeres, en ellos se tomaban decisiones que afectaban a toda la región.

Pero dichas decisiones eran valoradas solo por mujeres. Esto era debido a que los hombres tenían vetada la entrada a estos lugares de culto. Por eso ellas disponían de una gran responsabilidad.

Las mujeres celtas y la madre naturaleza

Los pueblos celtas daban gran importancia a lo espiritual y lo natural. Las estaciones, los ciclos lunares, los fenómenos atmosféricos o meteorológicos. Así como las cualidades de diferentes árboles y plantas.

Todo junto les ofrecía el sustento para su vida, tanto a nivel externo o físico como interno y personal. Por eso la madre naturaleza les infundía un gran respeto y, en consecuencia, cuidaban de todo lo que les rodeaba.

Las druidesas debían proteger a los árboles. Y, según una leyenda, había un grupo de 9 sacerdotisas célibes encargadas de velar por los bosques sagrados.

Estos bosques estaban situados en Bretaña. Concretamente en la isla de Sein, conocida también como De los Druidas. Y, por su condición, era una isla propensa a inundarse y famosa por sus temporales.

Se decía que los barcos que se atrevían a acercarse serían arrastrados a la tempestad. Además de castigar a sus ocupantes con funestas visiones que les atormentarían hasta el día de su muerte.

Las 9 vírgenes protectoras de los parajes de Sein tenían grandes poderes. Con sus cantos elevaban los mares y enloquecían a los vientos. Pero también podían sanar terribles enfermedades ¡solo a los más atrevidos!

Un oráculo que despertaba a partes iguales respeto y miedo. Así, las 9 mujeres celtas recibían regalos a cambio de favores. Como curaciones o noticias de sus familiares muertos. Pero nunca aceptaban el dinero.

Cómo vestían las mujeres celtas

Las mujeres celtas eran tremendamente atractivas. Acostumbraban a llevar el pelo largo sujeto con agujas o moños. También solían hacerse trenzas, lo cual creaba una gran atracción para los hombres. 

Sobre la vestimenta de las mujeres celtas, acostumbraban a portar largas túnicas sujetas con un cinturón. También solían vestir un manto o sagum que las cubría el cuerpo. Otra prenda muy común de las mujeres celtas era la falda ancha de cuadros enrollada a la cintura. Estaba falda mostraba el tobillo. Como accesorios, llevaban pulseras de tobillos. Además,  usaban todo tipo de joyas como collares y brazaletes, que acompañaban con un ligero maquillaje facial hecho de extracto de fresas.

Leyendas sobre mujeres celtas que ejercían de druidesas y de guías

Algunos autores describen a las druidesas como temibles. Mujeres que podían aparecer en las poblaciones en mitad de la noche en busca de hombres. Para sacrificarlos como ofrenda y después leer sus vísceras.

Llevaban a cabo rituales para atraer la lluvia o abundantes cosechas, entre otros. Y se dice que otro grupo, esta vez de 7 driadas, eran consultadas antes de las batallas.

Su símbolo o herramienta era una hoz, porque su curva se relacionaba con lo femenino. Representaba a los poderes de la Luna y Saturno. Y la empleaban para defenserse, atacar o en las labores agrícolas.

También de Irlanda nos llegan leyendas de grupos de vírgenes hechiceras y sus papeles en victorias y derrotas. Todas ellas druidesas veneradas. Cuyos nombres y hazañas les han trascendido, gracias a multitud de hallazgos.

Como la de la reina Boudica, una druidesa consagrada a la diosa de la victoria, Andraste. Y que dirigió a su pueblo celta durante la lucha contra los romanos. En el año 60 d. C. Momento en el que empezaron a desaparecer.

Las mujeres celtas podían escoger esposo libremente y participar en la vida social y política desde la igualdad. Todo esto fue demonizado y desapareció tras la devastación romana o la instauración del patriarcado y el catolicismo.

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