Historia y Mitología de los Celtas

Historia y Mitología de los Celtas

La mitología celta esconde muchos secretos y muy curiosos. Los Celtas fueron un pueblo que se remonta a la Edad de Hierro; una de las tres principales eras de la antigüedad. La Edad de Hierro fue inmediatamente posterior a la de Bronce. Sus inicios tuvieron lugar entre el 1200 y el 1000 a. C. Años en los que se perfeccionarían utensilios, herramientas y armas surgidas con anterioridad.

Un pueblo asociado a toda una era

El hierro empezó a formar parte o emplearse en los diferentes aspectos de la vida. Y está muy asociado a la cultura celta porque era el idioma que hablaban por aquel entonces la mayor parte de los pobladores indoeuropeos. Herodoto (s. V), en su segundo libro de historia, situaba al pueblo Celta más allá de las columnas de Hércules. Es decir, la parte central y oeste europea o lo que serían ahora Suiza y Austria.

En aquella época disponían de enormes minas de sal. Este mineral era tan importante en la Edad de Hierro que incluso dio nombre a la paga laboral que recibimos ahora: el salario. Esto era así porque incluso se pagaba con sal. La empleaban para mantener los alimentos durante largos periodos. Y se asocia a una época de gran prosperidad. La mitología celta narra historias de aquellos años.

Los Celtas y su historia: sellos de identidad

En el siglo XIX diferenciaban a los Celtas de otras culturas indoeuropeas por la forma en que decían “cien”. Esto era así porque los pobladores orientales decían “satem” y los occidentales, que decían “centum” (pronunciado “kentum”), serían los conocidos posteriormente como Celtas. Un gran pueblo fuerte y curtido que plantaría cara a los romanos siglos después.

Los Celtas serían muy similares a los bravos guerreros que guiados por William Wallace protagonizaron la revelión que vimos en la película Brave Heart. Un pueblo que sin duda ganaría en las batallas cuerpo a cuerpo y cuyas mujeres también eran feroces luchadoras. Por lo que no son pocas las tumbas halladas de féminas enterradas con sus armas en terrenos europeos habitados por Celtas.

Fue una de sus prioridades más destacadas la necesidad de expansión. Y es que con los años tomaron una gran extensión de terreno que incluiría Roma y Turquía. Esta última hacia el 390 a. C. En aquellos años cruzaron Los Alpes para saquear Roma y la sorpresa les brindó un gran éxito. Sin embargo y, a pesar de su triunfo, también había ciertas variables que jugaban en su contra. Variables que el pueblo romano descubriría antes de alzarse con la victoria.

No todo era perfecto

A pesar de ser feroces guerros el pueblo Celta tenía debilidades. Por ejemplo, su falta de organización y de previsión, unidas a esa costumbre de vivir al día. Estos inconvenientes les hicieron sucumbir ante la venganza de los romanos. Ya que sus centurioren estaban muy organizados y sí que poseían esa visión estratégica y organizada tan necesarias en la batalla. Por lo que pudieron hacer planes a futuro con los que derrotaron a estos rudos invasores celtas.

Un siglo después de arrasar Roma probaron con Turquía, espoliando el Santurario de Delfos y saqueando todo a su paso. Curiosamente, en estas tierras siguen quedando testigos de aquella invasión, como son la Torre Gálata y el Estadio Galatasaray (ambos en Estambul). Ya que el pueblo celta era conocido también como los gálatas.

¿Y qué hay de su religión?

Los Celtas eran politeístas, aunque sus primeros templos eran los bosques y rendían culto a los fenómenos atmosféricos y elementos naturales. A decir verdad, cuando se encontraron con otras culturas y descubrieron que representaban a sus dioses con aspecto humano, esto les provocaba bastante risa. No acertaban a creer que fuera posible esa asociación tan ridícula para ellos.

Otro dato curioso es que solían incinerar a sus muertos y conservaban sus cenizas en urnas. Algo bastante poco habitual por aquel entonces. Sin embargo, fueron estos guerreros, que se adentraron en Roma o en Turquía, los que con el tiempo perdieron su lengua o su identidad. Adoptando las ajenas y mayoritarias de estos países.

También había ciertas discrepancias entre los pueblos del este y el oeste de Europa. Es por eso que a veces la mitología celta varía según si se habla de unas u otras tribus. Solían tener druidas, que eran algo así como sacerdotes y profesores. Encargados de transmitir la propia cultura a los menores.

Sus dioses tenías nombres tan sinuosos como Dumias, Vosgos o Sequana y todos ellos pertenecían a diferentes elementos como fuentes, ríos, montañas, bosques, etc. Pero en la época galorromana estas divinidades se fueron fusionando con las deidades galas otorgándoles cierto poder sobre dichos elementos concretos. Algo muy curioso y que se conoce con el nombre de sincretismo.

Los druidas

Estas figuran eran bastante peculiares y gozaban de un gran respeto por todos. Se encargaban de educar, tal y como comentábamos, de aconsejar a los reyes o de juzgar. Gozaban de un estatus muy diferente al del resto de la población. Vivían apartados del resto de los vecinos y estudiaban medicina, entre otras sabidurías.

Para que puedas hacerte una idea de la importancia que tenían los druidas en estos pueblos, debes saber que podían cruzar el campo de batalla sin ser tocados ni heridos por ningún guerrero. Y se les atribuyen diversos rituales, tanto animales como vegetales en los que odían participar mujeres. Algunos de esos rituales son similares a los que seguimos viendo durante Nochevieja, como la costumbre de quemar las cosas malas de las que queremos deshacernos antes de entrar en el nuevo año.

mitologia celta

La mitología Celta: los dioses celtas y romanos

Algunos de los muchos ejemplos de aquella fusión de dioses celtas y los romanos son los siguientes:

  • La diosa celta Belisma se asociaba a las artes del fuego, características y habilidades que en el sincretismo asumió su homónima romana Minerva.
  • Para los celtas Belenus el brillante; era el dios de las artes y del dios sol y sus poderes pasaron a Apolo. Representaba la iluminación espiritual y todavía en Asturias se celebra una fiesta en su honor.
  • La diosa romana Ceres asumió las virtudes de Epona, que para los celtas era la diosa de la agricultura o de las épocas de bonanza y de abundancia en las cosechas.

Para los Celtas había cientos de divinidades y, tal y como comentábamos antes, no concebían al principio esa materialización de una divinidad en una figura concreta. Aun así podemos decir que había dos principales; su diosa madre (presente en todas sus aldeas) y su dios padre (guardián de la puerta del otro mundo y dios de la vida y de la muerte).

Otro de los dioses más destacados era Lugus, Lugnasad o Lug (patrón de los artesanos), al que se consagraba la fiesta de la cosecha. A este curioso dios celta deben su nombre diferentes ciudades como Lugo o Londres. Lugnasad o Lugnasa se mantuvo en la cultura irlandesa como una de sus cuatro festividades más importante (el 1 de agosto).

En esta fiesta de Lugnasa se comparte el primer pan confeccionado con la harina del primer trigo recolectado. De esta forma se representa la perpetuidad de la vida.

Otros pueblos celtas que sobrevivieron con el paso del tiempo

Más suerte tuvieron los que se expandieron por el este; en las islas británicas permanecían las tribus de escotos (predecesores de los escoceses) y bretones (S. VII). Y en irlanda quedó el último bastión Celta. Por eso actualmente se conocen también como celtas los que habitan tierras irlandesas o el norte de España (Galicia, Cantabria o Asturias) y Portugal.

El el siglo XVIII se llamaban Celtas todos los pobladores de Gran Bretaña e Irlanda. Se caracterizaban porque sus poblaciones estaban todas amuralladas y ellos las denominaban castros. Algo que también sucedía en algunas zonas del norte de España. De ahí fue que los griegos les llamaran keltoi o gente oculta. Pero no estaban exentos de rivalidades entre ellos, de hecho, incluso en tiempos más tranquilos, eran incapaces de cooperar unos con otros por un fin común.

mitologia celta

A pesar de lo dicho, el sentir Celta sí que era común. Es por eso que cuando ofendías a una persona, esa ofensa se extendía a sus familiares y vecinos. Formando así esos grupos o colectivos que recuerdan un poco a la estructura social de los caballeros medievales.

Las figuras más destacadas de los Celtas

Tal y como ha pasado con otros pueblos, también los irlandeses transcribieron las leyendas orales de la mitología Celta. Es por eso que hoy en día podemos conocer a ciertos héroes o figuras destacadas de este gran pueblo. Gracias a los pocos manuscritos que han llegado a nuestros días. Uno de estos héroes fue Breogán.

Un rey celta que aún se cita en el himno gallego como su padre mitológico.  Y es que se le atribuye el poder de unir a los pueblos, que dieron lugar a la actual Galicia. Prueba de eso es una gran torre que el mismo rey mandó cosntruir en las costas gallegas y desde la que decían que podía verse Irlanda. También se le conoce como la torre de Hércules.

mitologia celta

Junto a la torre se levanta una escultura de piedra que representa a dicho rey, Breogán. Por eso por aquel entonces no se llamaba La Coruña sino Brigantia. Uno de los nietos del rey volvió a esa misma torre, atraído por sus raíces, tras vivir de Egipto, dejando atrás a varias mujeres e hijos. Desde allí y vislumbrando esas costas irlandesas se sintó tan atraído por ellas que partió con un gran grupo a conquistarlas.

Este grupo de guerreros, llamados los Mil, fueron los que organizaron el último asedio que sufrió la isla hasta nuestros días. Pero estas hazañas parecen estar en entredicho por ciertos historiadores que aseguran que no pasaron de ser leyendas. Además, parecía imposible que con las embarcaciones celtas de aquella época consiguieran hacer realidad un viaje así. La conclusión fue que no parecía que unos y otros tuvieran ancestros comunes ¿o sí?

Otras historias celtas

Aquellos historiadores que negaron la relación entre ambos pueblos han terminado por perder toda su credibilidad. Y es que recientemente ha terminado por descubrirse una gran similitud entre gallegos e irlandeses. Todo ello avalado por pruebas contundentes de ADN que certifican ancentros comunes para ambos pueblos.

Entre otras de las historias de los celtas nos encontramos a Cuchulain. Él fue su héroe guerrero por excelencia. Según las leyendas era hijo de un dios y de una virgen. Una historia que también facilitaría posteriormente las cosas al cristianismo en su expansión por esas tierras paganas. Cuchulain (que significa el perro de Culan), fue el apodo que adquirió un joven al matar a un gran perro guardian y ocupar su lugar durante un tiempo.

Este joven era un guerrero que pronto destacó entre los niños de su edad por su pericia. Él adquirió sus armas antes que otros compañeros, en reconocimiento por sus grandes habilidades y fue entrenado con especial ahínco. Un gran guerrero que es descrito como el luchador por excelencia que todos los ejércitos querrían tener en sus filas.

mitologia celta

Cuentan que por aquel entonces el pueblo de Cuchulain era víctima de una maldición. Por lo tanto, todos sus guerreros sufrirían dolores de parto al encontrarse en el campo de batalla. Algo no muy recomendable cuando una reina de la población más cercana les declaró la guerra por una desavenencia sin importancia. Aunque, como Cuchulain era hijo de un dios, él no sufriría la maldición, por lo que él solo hizo frente al ejército.

¿Cómo salió ileso ante tal hazaña?

Parece ser que fueron dos detalles importantes los que jugaban en su favor. Por un lado, la maldición solo duraría una luna (poco menos de un mes). Y por otro lado, le beneficiaron los elementos. Y es que el campo de batalla estaba separado con un río y el puente que unía ambas orillas era tan estrecho que solo podía haber sobre él una persona. A eso se le unía el que cada ejército quedó a un lado de dicho río.

Cuchulain luchó sobre aquel puente con la ventaja de que los enemigos se acercaban hasta él de uno en uno. Es por eso que el valeroso guerrero iba sometiendo a todo un ejército poco a poco pero sin pausa. Mientras tanto pasaron los días y sus compañeros se vieron liberados de aquella maldición tan dolorosa. Finalmente y en vista de los acontecimientos, Cuchulain pactó con la reina (Maebe) para cesar en su empeño de conquista.

La airada reina lo intentó una segunda vez, pero en esta ocasión Cuchulain fue herido en la batalla. Sin embargo, para que no lo vieran caer, se ató a un árbol y un pájaro se posó sobre su hombre. Seguro que esta evocadora imagen te recuerda a algo que has visto en el cine. Y es que en la película original Conan El Bárbaro (1982) es representada esta escena por su protagonista, Arnold Schwarzenegger. Curioso ¿verdad?

Cuando a Cuchulain se le cae definitivamente la espada de la mano se asume su muerte. Entonces el guerrero que le hirió se queda con su espada y no será sino otro guerrero quien le rete para arrebatársela y devolvérsela a la viuda de Cuchulain. Así el héroe Celta quedó vengado.

Los conceptos trinitarios de los celtas

La mitología celta nos habla de una visión del mundo en donde el número tres cobra un gran valor. Y es que ellos conciben el mundo como en tríos, buscando ese valor intermedio entre dos puntos. Es por eso que su símbolo es el trisquel (símbolo geométrico compuesto por tres brazos curvos). Ese concepto trinitario lo proyectan en múltiples cosas, además de en la religión.

trisquel

Por ejemplo, entre el día y la noche está el crepúsculo; entre la vida y la muerte estaría el sueño o la inspiración (estados alterados de la conciencia). Y cuando llega el cristianismo vemos ese estado intermedio entre la creación (Dios) y la destrucción, que sería el círculo con el que representan la vida. Este círculo empieza con la existencia terrenal y las reencarnaciones para conseguir la pureza del espíritu. La segunda etapa es la grandeza espiritual que se conseguía durante la vida y la vuelta a dios tras la muerte supone la tercera.

También en los sacrificios que realizaban los celtas vemos la triple muerte. Rituales mediante los que se mataba por tres veces para satisfacer a los dioses y que mejorasen las cosechas. Esta visión trinitaria parece ser extensible a los indoeuropeos en general. Posteriormente, tuvo que ser asumida por la religión católica, en múltiples formas, durante su expansión. La Santísima Trinidad o los tres Reyes Magos son ejemplos claros.

Hasta nuestros días

La cultura Celta ha sufrido diferentes ataques que poco o mucho finalmente han conseguido su desaparición. Por ejemplo, Gales fue cristianizada en el siglo IV y San Patricio fue en el S. V el que cristianizó Irlanda y acabó con gran parte de la tradición Celta. Por suerte, en diferentes lugares se han conservado ciertas creencias y celebraciones que nos recuerdan a esos tiempos pasados y raíces Celtas.

También es cierto, que en lo que a España se refiere, parte del norte peninsular se salvó de ciertas influencias como la árabe. Ya que su posición geográfica ofrecía a sus pobladores una protección natural frente a los invasores. Sin embargo, poco pudo hacer este entorno tras la expansión del catolicismo. Aunque en nuestros días se siguen manteniendo ciertas costumbres cláramente diferentes, pero que enriquecen la cultura general de nuestro país.

Por otro lado, las diferentes etapas religiosas por las que han pasado los ingleses también han ido mermando esa cultura antigua, así como las huellas de la expansión del pueblo Celta. Y posterioremente, en el siglo XIX, se dio el verdadero golpe a la lengua y culturas gaélicas, de la mano de la industrialización y la enseñanza obligatoria. Esta última acabó con la mitología Celta y difundió sus propios cuentos.

consultor seo

Celta Digital

Música y cultura celta van de la mano en esta revista digital en la que encontrarás información relacionada con la música folk y la comunidad celta, como Mercados Medievales, Agenda de Conciertos y Festivales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.